Espiritualidad de la escena del belén

Persiguiendo al Cordero

  • APRENDEMOS A ORAR

    Trattenimenticspirituali davanti al presepe di “P. Pio Bruno Lanteri” Fondatore degli Oblati di Maria Vergine (Libero adattamento in linguaggio moderno di Spi, 2018)
    Acércate con fe viva al misterio de la cuna donde nace el Hijo de Dios, que vino a salvarte. Acércate con fe, con fe sencilla como niño y con un gran amor por Jesús que nace para ti y detente allí en la gruta, entra en la gruta de Belén con fe y amor invocando la ayuda del Espíritu Santo que te introducirá en el misterio de la cuna, te hará probarla íntimamente y te dará una nueva experiencia del amor de Jesús por ti. ¡valor! ¡Aprende a quedarte con Jesús en la gruta de Belén!

    Después de invocar en tu corazón la vida en el Espíritu Santo, activa tu fe al máximo y reavivar tu amor por Jesús y entretenerte en la gruta con Él y, en primer lugar:

    apariencia

    • Observar las circunstancias en las que Jesús quiso nacer:

    con la Madre en la calle, en el camino, sin esas comodidades que hasta los pobres tienen en los suyos
    Casa…

    en el frío y en medio de la noche…

    acogidos por una cueva porque nadie quería que naciera en su propia casa…

    • Observar la cueva que servía de establo: observar el lugar, acercarse a las paredes de esa cueva que el Rey de Reyes eligió como su palacio… mira el pesebre… hueles el heno… la lezzo de los animales …

    Detente a besar la cueva… y refleja cómo él, el Hijo de Dios, quiso elegir para sí mismo todo lo que era el más pobre, el más humilde, el más simple y compara lo que él eligió con lo que tú eliges cada día para ti…

    • Observar con cariño, con tanto cariño y amor a las personas que están en la cueva:

    Ahí está Jesús, míralo mientras se deja envolver en ropas de envoltorio por su Madre y cómo se deja enfundar en el pesebre ¡Qué gran misterio de amor infinito!

    “Me diste un cuerpo… y entonces le dije: He aquí, vengo a hacer tu voluntad” “El Padre amó tanto a los hombres que dio a su Hijo… para liberar a su Hijo”… He aquí, María es el medio de este mandamiento: en ese Niño acostado sobre el pesebre hay todo el amor del Padre por la humanidad, él no podría tener mayor amor que este: darnos a su Hijo… Detengámonos y miremos al Niño Jesús mientras es puesto por María en el pesebre envuelto en ropas de envoltorio… envolvamos también a Jesús junto con María…, envolvamoslo en nuestro amor y pongámoslo en el pesebre…

    En Belén todo habla ya del Aposento Alto: él es el Pan vivo que bajó del cielo, nace en Belén – “la casa del pan” – y se coloca sobre un pesebre: es el primer copón, la primera custodia, el primer pyx donde se coloca Jesús el Eucaristía… En Belén ya se habla de Gólgota: ¡Pobreza extrema…, la negativa a darle la bienvenida…, la ropa de envoltorio! Dos veces María bandend su Hijo: a Belén-yo, antes de ponerlo en el pesebre y en el Gólgota, antes de ponerlo en el se-polcro! Ese pequeño cuerpo que ahora contemplamos sonriendo en poco tiempo lo veremos torturado y torturado, escupiendo, vilipendiado y coronado de espinas, crucificado y muerto… y todo esto para ti!
    Ahí está María…, mírala como ella lo mira, mientras lo acaricie, mientras ella lo sostiene a sí misma y lo besa… mírala mientras ella le da leche… mírala mientras él lo envuelve y lo pone en el pesebre… deténgase y mírala con amor, mírala mientras ella lo mira allí en el pesebre con los brazos extendidos ansiosos por ser tomado en sus brazos por todos…

    Está Giuseppe… míralo mientras lo mira… mira al carpintero de Nazaret que con sus manos callosas toma en sus brazos al Hijo de Dios que también se ha convertido en su… míralo mientras mira a María y al Niño… él, un hombre pobre, tendrá que defender y custodiar al Hijo de Dios y a su Madre…

    Están todos los Ángeles, donde está el Rey siempre está su corte… míralos mientras lo adoran… cómo lo aman… cómo le sirven… mientras se deleitan en mirar a su gran Dios que se ha hecho a sí mismo pequeño… observen su asombro… su alegría… su amor…

    están las Tres Personas Divinas, particularmente habitan en el pequeño corazón de ese Niño… está el Padre: el Padre está siempre con él… el Padre está en él y él está en el Padre… está el Hijo, el Verbo Esplendor del Padre, él está allí con toda la plenitud de su divinidad, ese pequeño cuerpo es su cuerpo: se encarnó para ti…. ya que Dios no podía morir, él quería asumir tu propia naturaleza humana para morir por ti… para que entendís hasta qué punto eres amado por Dios, él quiso despojarse de todo lo que tenía para ti, se despojó de su divinidad e intercambió con tu humanidad: tomó tu humanidad y te dio su divinidad: ¡intercambio admirable! Locura del amor de Dios por ti!… Está el Espíritu Santo… fue él quien hizo posible el intercambio… ¡es él quien nos invita a intercambiar!

    Deténgase y reflexione: ¿qué figura haces allí en medio de todos estos personajes?

    Trate de no ser una presencia discordante… adecuado con sentimientos de humildad, de profunda adoración del misterio, de fe y de gran amor por Jesús que te extiende las manos para ser tomado en sus brazos…

    Y ahora paren… se detuvo y…
    escuchar
    Escuchen atentamente lo que se dice en el establo: ¡todo el mundo habla!

    María y José hablan: traten de pensar qué sentimientos Expresan María y José a Jesús, al Padre Celestial, al Espíritu Santo… deténgase y escuche lo que le dicen……

    Los Ángeles hablan: hablan con Jesús y se presentan a él compitiendo para mostrarle alabanza, amor reverente, servicio… hablan con María, su Reina, y la veneran… hablan con José y lo felicitan porque el Padre Celestial lo eligió para confiarle su hijo único… hablan con la Santísima Trinidad y le agradecen de nuestra parte por el amor que nos trae… Nos hablan… y los querubines vienen a manifestarnos las perfecciones y la grandeza de la divinidad de Jesús, y nos enseñan a hundirnos en nuestra nada, a admirarlo, a adorarlo… los Serafines vienen y nos descubren las profundidades de la bondad en Jesús, los excesos del amor por nosotros, y sugieren que nos liquemos en amor por Él, para deshacernos, para consumirnos en gratitud por tanto amor… Los Tronos, las Dominaciones, las Virtudes, los Principados, los Poderes vienen y nos advierten que Él es el hijo de un gran Rey que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, que debemos amarlo, respetarlo y darle nuestra vida… Vienen los arcángeles y los ángeles, y nos invitan a obedecer a Jesús con alegría, prontitud y fidelidad…

    Las Personas Divinas hablan: el Padre eterno habla a su Hijo y se deleita en él como su imagen perfecta, lo ama infinitamente y como a sí mismo, y le dice: Hijo mío, hoy te he engendrado!… El Padre eterno habla a María y se deleita en ella entre todas Sus criaturas, la ama como su Hija… Habla con José, lo constituye su vicario, le da la custodia de su Hijo y Madre… Él habla a Sus ángeles y se complace en verlos adorar a Jesús por Dios, venerar a María por Su Madre y su Reina, y verlos como cooperadores solícitos de Jesús para la gran obra de la redención de la humanidad. El Padre eterno os habla, y os dice que Él es Su Primogénito igual a sí mismo, que Él os da, y él lo sacrifica para redimiros de la muerte, del diablo, del infierno, y os invita a escucharlo e imitarlo…

    El Espíritu Santo habla y deleita a Jesús en la gran obra de Su amor; se deleita en María, su novia; felicita a José, digno esposo de María y guardián de Jesús; se regocija con los ángeles que compiten con él y con Jesús para salvar a la raza humana. Él te habla y le gustaría tomar posesión de su corazón para presentárselo a Jesús…

    Jesús habla y habla al Padre eterno, lo adora, se ofrece como víctima por ti y se somete a todas Sus voluntades divinas, y le dice que el libro dice que debe hacer Su voluntad… Él habla al Espíritu Santo y le manifiesta el amor infinito con el que se corresponde, y se prepara para ser consumido con el fin de encender el fuego de su amor divino en todos los corazones… Habla con María y la reconoce como Madre, le manifiesta su corazón cariñoso y obediente… Habla con José, lo ama y se somete a Su custodia… Finalmente te habla, es decir, la figura del niño que tomó habla por Él, Sus lágrimas hablan, Sus miradas que parten del corazón, el establo habla, el pesebre, las bandas hablan, la paja, todo te pide amor y correspondencia.

    Escucha de rodillas lo que te dice… responde con tu amor y afecto, arrepentido amargamente de no haber tenido hasta ahora una gran atención a este misterio de amor… llora tu frialdad… tu ingratitud a Jesús y a tanto amor… y pedir la gracia de amarlo en serio y más, siempre y por encima de todas las cosas…
    Y por último…

    Gracias y pedir gracias por todos

    Gracias a todos los que conociste en la cueva:.

    El Padre eterno por haberos dado a su Hijo, y con él todo bien. El Espíritu Santo por haber cooperado en un misterio tan grande de amor… El Verbo divino por haberse humillado tanto por ti, para liberarte del pecado, del diablo, de la muerte eterna.

    La Santísima Virgen María por haber aceptado ser la Madre de Dios y haber dado a luz a tu Hermano primogénito, y por esta razón también haber llegado a ser tu Madre…

    San José por haber servido y cuidado al Niño Jesús en el nacimiento y durante toda su infancia, así como a María su amada Novia….

    Los ángeles porque vinieron a hacer honor a Jesús, y compensaron la despreominación de los hombres con su amor… porque cantaron la Gloria y llevaron a los pastores a la choza.

    Acércate a la cuna más de cerca y pídele a Jesús a través de la intercesión de María, gracias por todos: para ti y para todos la remisión de los pecados, un avance continuo en virtud y santidad. Exponerle todas las necesidades espirituales y materiales de la humanidad, especialmente la más afligida por la pobreza, la guerra, el sufrimiento… pide gracias por tus familiares… para tus amigos… por sus necesidades espirituales y materiales… para la Iglesia… para la conversión de los pobres pecadores… por la unidad de todos los cristianos… para los judíos… para los musulmanes… para los paganos de nuestro tiempo… para que todos lo reconozcan como su Dios, Rey y Señor… para que los grandes santos se multipliquen… para que Él conceda a Sus ministros un gran amor y gran celo para traer muchas almas a Jesús. pídele a Jesús que atraiga a tantos jóvenes a sí mismo… pide gracias por las almas santas del Purgatorio, especialmente por tus parientes y amigos fallecidos, para que el niño Jesús pueda llevarlos a todos al Cielo… ¡pide grandes gracias para todos y no salgas de la cuna sin llevar a Jesús contigo, en mente y corazón!

    compendio

    I. Observar las circunstancias en las que nació Jesús.

    Ii. Observa el establo y todo lo que está preparado para ello para Jesús.

    Iii. Para reprender con cariño a las personas que están allí.

    Iv. Escuchen atentamente lo que todo el mundo está diciendo.

    V. Agradecer a todos esos personajes que hemos encontrado.

    tú. Pide gracias al Niño Jesús.

    Vii. Ofrézcole nuestras buenas resoluciones

    http://www.pasomv.it/index.htm
    http://www.pasomv.it/index_file/Page2164.htm

María Valtorta-El Nacimiento de Jesucristo:

María Valtorta

29. El nacimiento de Jesús […]

Todavía veo el interior de este pobre refugio pétano donde encontraron asilo, unidos en el destino a los animales, María y José.
El focherello duermía junto con su tutor. María levanta lentamente la cabeza de su cama y mira. Él ve que José tiene la cabeza reclinada sobre su pecho como si estuviera pensando, y piensa que el cansancio sobrepasa su buena voluntad de permanecer despierto. Sonríe con una buena sonrisa y, haciendo menos ruido que una mariposa que descansa sobre una rosa, se pone sentado y sentado de rodillas. Ore con una sonrisa dichosa en su rostro. Reza con los brazos abiertos, no realmente en la cruz, pero casi, con las palmas a veces hacia arriba y hacia adelante, ni parece nunca cansado de esa pose dolorosa. Luego se postra con su rostro contra el heno en una oración aún más intensa. Larga oración.
José se sacude a sí mismo. Ve el fuego casi muerto y el establo casi oscuro. Lanza una manata de brezos finos y la llama resurge; se une a ramitas más grandes, y luego aún más grandes, porque el frío debe ser picante. El frío de la noche de invierno y sereno que penetra desde todas las partes de esa ruina. Pobre José, como él está en la puerta – vamos a llamar al agujero al que tiende su capa – debe ser congelado. Pone las manos cerca de la llama, se quita las sandalias y se acerca los pies. Se calienta. Cuando el fuego está bien despierto y su luz está segura, gira. No ve nada, ni siquiera esa blancura del velo de María que previamente puso una línea clara en el heno oscuro. Se pone de pie y se acerca lentamente a la cama.
¿No duermes, María? » pregunta. Ella lo pide tres veces, hasta que ella se recoge y contesta: “Por favor. ”
“¿No necesitas nada?”
« No, José».
« Trate de dormir un poco. Para descansar al menos. » « Lo intentaré. Pero orar no me cansa. » « Adiós, María. »
« Adiós, José».
María retoma su pose. José, para no dar más adentro para dormir, las rodillas al fuego y ruega. Oren con las manos abrochadas en la cara. Los levanta de vez en cuando para alimentar el fuego y luego regresa a su ferviente oración. Menos el ruido de la madera crepitante y el del burro que de vez en cuando golpea una pezuña en el suelo, no se oye nada.
Una pequeña luna se arrastra de una grieta en el techo y parece una hoja de plata incorpórea que va en busca de María. Se extiende, a medida que la luna se eleva en el cielo, y finalmente la alcanza. Aquí ella está en la cabeza de la oración. Lo canta con franqueza.
María levanta la cabeza como por una llamada celestial y se pone de rodillas de nuevo. ¡oh! lo hermoso que es aquí! Ella levanta la cabeza que parece brillar en la luz blanca de la luna, y una sonrisa no humana la transfigura. ¿Qué ves? ¿Qué oda? ¿Qué pruebas? Sólo ella podía decir lo que veía, sentía y sentía en la hora brillante de su maternidad. Solo veo que a su alrededor la luz crece, crece, crece. Parece que baja del Cielo, parece ser exmani de las cosas pobres que están a su alrededor, parece sobre todo que desciende de ella.
Su túnica, azul oscuro, ahora parece ser un azul suave de miosotis, y sus manos y su rostro parecen volverse azules como los de uno puesto bajo el fuego de un inmenso zafiro pálido. Este color, que me recuerda, aunque más tenue, lo que veo en las visiones del Santo Paraíso y también lo que vi en la visión de la venida de los Reyes Magos, se extiende cada vez más sobre las cosas, las viste, las purifica, las hace espléndidas.
La luz emana cada vez más del cuerpo de María, absorbe la de la luna, parece que ella dibuja dentro de sí misma lo que puede venir a ella desde el cielo. Ahora es la Depositaria de la Luz. El que debe dar esta Luz al mundo. Y esta Luz beatífica, incontenible, inconmensurable, eterna, divina que está a punto de ser dada, se anuncia “con un amanecer, una diana, un coro de átomos de luz que crecen, crecen como una marea, que se elevan, se levantan como el incienso, que descienden como un diluvio, que se extienden como un velo…
La bóveda, llena de grietas, telarañas, escombros que sobresalen que están a punto de un milagro de estática, negro, ahumado, repelente, parece el turno de una habitación real. Cada pedregoso es un bloque de plata, cada grieta un parpadeo de ópalo, cada telaraña un precioso contexto de dosel de plata y diamantes. Un lagarto grande, hibernando entre dos rocas, parece una joyería esmeralda olvidada allí por una reina; y un montón de murciélagos en hibernación, una preciosa lámpara de ónix. El heno que cuelga del pesebre más alto ya no es hierba: son hilos e hilos de plata pura que parpadean en el aire con la gracia de una corona disuelta.
La vaguada de alimentación es, en su madera oscura, un bloque de plata bruñida. Las paredes están cubiertas con un brocado en el que la blancura de la seda desaparece bajo los bordados nacarados del relieve, y el suelo… ¿cuál es el suelo ahora? Es un cristal iluminado por una luz blanca. Las protuberancias parecen rosas de luz tiradas a la indagar como homenaje al suelo; y los agujeros, copas preciosas de las que deben salir aromas y perfumes.
Y la luz crece cada vez más. Es insostenible a la vista. En ella desaparece, como absorbida por un velo incandescente, la Virgen… y la Madre emerge de ella.
Sí. Cuando la luz vuelve a ser sostenible en mi visión, veo a María con su Hijo recién nacido en sus brazos. Un niño pequeño, rosado y regordete, que se tambalea y patas con manos tan grandes como un cuenco de rosa y con patas que estarían en el hueco de un corazón de rosa; que deambula con una voz trémula, solo de cordero recién nacido, abriendo la boca que parece una fresa silvestre y mostrando la lengua parpadeante contra el paladar rosado; que mueve la cabecita tan rubia como una opinión casi desnuda de pelo, una cabecita redonda que la Madre apoya en la curva de una de sus manos, mientras mira a su Hijo y lo adora llorando y riendo juntos y se dobla para besarlo no en la cabeza inocente sino en el centro del pecho, donde abajo está el corazoncito que late , beats para nosotros… donde un día estará la Herida. Lo medicaba de antemano, esa herida, su Madre, con su beso inmaculado.
El buey, despertado por la llamarada, se levanta con gran ruido de pezuñas y alces, y el burro gira la cabeza y raglia. Es la luz que los sacude, pero me gusta pensar que querían saludar a su Creador, por ellos y por todos los animales.
Incluso José, que, casi embelesado, oró tan intensamente como para ser aislado, da lo que lo rodeaba, se sacude a sí mismo, y de los dedos apretados a su cara ve la extraña luz que se filtra a través. Levanta las manos de la cara, levanta la cabeza, gira. El buey de pie esconde a María. Pero ella llama: “José, ven”.
‘José se apresura. Y cuando ve se detiene, electrocutado con reverencia, y está a punto de caer de rodillas donde está. Pero María insiste: “Ven, José” y apunta su mano izquierda al heno y, sujetando al Infante apretado a su derecha a su corazón, se levanta y va a José que camina torpemente, por el contraste entre el deseo de ir y el miedo a ser irreverente.
Al pie de la camada los dos cónyuges se encuentran y se miran con un grito dichoso.
“Ven, porque ofrecemos al Padre Jesús”, dice María.
Y mientras José se arrodilla, ella, de pie entre dos troncos que sostienen la bóveda, levanta a su Criatura en sus brazos y dice: “Aquí estoy. Para Él, oh Dios, te digo esta palabra. Aquí estoy haciendo su voluntad. Y con él yo, María, y José, mi esposo. He aquí tus siervos, Señor. Que tu voluntad sea siempre hecha por nosotros, a cada hora y en cada evento, para tu gloria y por tu bien. Entonces María se agacha y dice: “Toma, José” y ofrece al Infante.
« Yo? ¿Para mí? ¡No! ¡No soy digno! » José está incluso consternado, aniquilado ante la idea de tener que tocar a Dios.
Pero María insiste con una sonrisa: “Eres bien merecedor de ello. Nadie lo es más que tú, y por esta razón el Altísimo te ha elegido. Tómelo, José, y sostenga mientras busco ropa. »
José, rojo como un morado, extiende los brazos y toma el batufolino de carne que chilla frío y cuando lo tiene en brazos no persiste en la intención de mantenerlo alejado de sí mismo por respeto, y lo aprieta al corazón diciendo con un gran estallido de lágrimas.
“¡Oh! ¡señor! ¡Dios mío! ” y se dobla para besar las piernas y siente frío, y luego se sienta en el suelo y lo recoge en su regazo y con su túnica marrón y con sus manos trata de cubrirlo, calentarlo, defenderlo del sizza de la noche. Le gustaría ir al fuego, pero hay esa corriente de aire que entra por la puerta. Mejor alojarse aquí. Mejor, en efecto, ir entre los dos animales que actúan como escudo al aire y que envían calor. Y se interpone entre el buey y el burro y se para de espaldas a la puerta, curvado sobre el Recién Nacido para hacer de su pecho un nicho, cuyas paredes laterales son una cabeza bigia con orejas largas, y un gran hocico blanco con una nariz humeante y un buen ojo húmedo.
María abrió la capucha y dibujó ropa de lino y bandas de ella. Ella fue al fuego y los calentó. Aquí ella va a José y envuelve al Niño en el lienzo enfriado y luego en su velo para reparar su cabeza. « ¿Dónde lo ponemos ahora? » se pregunta.
José mira a su alrededor, piensa… « Espera » dice. “Empujamos a los dos animales y su heno más allá y tiramos de ese heno allá arriba y lo ponemos aquí. La madera del banco lo reparará del aire, el heno lo hará mejilla y el buey con su aliento lo calentará un poco. Mejor el buey. Es más paciente y tranquilo. » Y se pone ocupado, mientras María canciones de cuna a su hijo agarrándolo a su corazón y sosteniendo su mejilla en la cabeza para darle calor.
José revive el fuego, sin escatimar, para hacer una hermosa llama y calienta el heno y como lo seca, porque no se enfría, lo pone en su seno. Luego, cuando ha recogido tanto para que sea un colchón para el Niño, va al pesebre y lo arregla para que sea como una cunella. “Está listo”, dice. “Ahora se necesitaría una manta, porque el heno ría, y para cubrirlo… »
“Toma mi capa”, dice María.
« Tendrás frío»
« ¡Oh! no hace nada! La manta es demasiado áspera. El pelaje es suave y cálido. No tengo frío en absoluto. ¡Pero que ya no sufra! »
José toma el gran manto de suave lana celestial oscura y lo acomoda en doble en el heno, con una solapa que cuelga de la cuna. La primera cama del Salvador está lista.
Y la Madre, con su suave paso oscilante, te lo trae y lo pone y lo cubre con la solapa del manto y también lo conduce alrededor del tapino desnudo que se hunde en el heno, justo al abrigo de este por el delgado velo de María. Sólo la cara grande queda al descubierto como el puño de un hombre, y los Dos, curvados en la cuna, lo miran dichoso sueño su primer sueño, porque el calor de las bandas y el heno ha calmado el llanto y reconciliado el sueño con el dulce Jesús.

 

Extracto del cap. 29, vol. I, “L’Evangelo come mi è stato rivelato” de Maria Valtorta, C.E.V., Isola del Liri, 2000.

Escuela de Belén abierta por giesu niño en la cuna

Escuela de Belén abierta por giesu niño en la cuna
Por Alexandre Gusmão

De google books
Alexandre llama a sus lectores discípulos de la escuela de Belén,
San Bernardo dice:
Seguimos oh mi Señor, y mi dulce Giesù, tú, contigo, y para ti seguimos el camino, la verdad y la vida, el camino del ejemplo, la verdad de la promesa y la vida en el premio.

http://books.google.it/books?id=NEQDSWmrU6AC&dq=betlemme&hl=it&pg=PA319#v=onepage&q&f=false

Feliz lectura.

Un camino de misericordia, por Yves Chiron

De google books
Un camino de misericordia, por Yves Chiron
de la página 21:
En la inminencia de la Navidad, mientras el pequeño rebaño estaba encerrado en el cobertizo de Piano Romano, Francesco (Forgione) y Luigi decidieron construir una cuna. …………………………………
http://books.google.it/books?id=E-lW2Qi0OrYC&pg=PA21&dq=presepe&hl=it&sa=X&ei=cRZRT_dQjLmEB4jJ-cwI&ved=0CFwQ6AEwBTiYAg#v=onepage&q=presepe&f=true

ORACIÓN DE LA CUNA

P. Stefano Guidi

ORACIÓN DE LA CUNA

Niño Jesús,
Estrella brillando en mi cuna,
Su nacimiento, que cada año quiero recordar,
traer bendiciones y paz a toda mi familia.

La cuna que más te gusta es mi corazón:
ayúdame a prepararlo, a mantenerlo bonito y limpio, listo para darte la bienvenida:
¡jesús nazca dentro de mí!
Y dame esa alegría y ese amor
que todos los hombres,
como pastores y peregrinos eternos,
siempre han estado buscando
y que sólo Tú puedes dar.

Y ahora les pido que sean capaces de unirme
al coro de ángeles
que en el cielo y en la tierra canta a todos
que Tú eres nuestro Salvador.

amén

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